
Mientras mi boca parecía dormida,
Mientras mis ojos yacían como ausentes,
y mi cuerpo deliraba en un sueño atemporal,
te recordé.
Y el ángel que más amo me habló de ti.
Esa pulcra y limpia efigie
develó el oráculo que guardaba escondido para mi en su corazón,
destino delirante con sed desbordada.
El joven Rey su cónyuge fue;
y mi alma, el fruto de su pasión.
Ángel mío, madre mía, consejo abierto,
me mostraste a mi padre y su delito.
Recordé tu muerte y su furia,
me mostraste cómo después del ocaso lo volvería a conocer.
Desnudaste mi destino ángel mío,
y su corona sería ahora dulce mirada de mujer.
Advertiste a mi inconsciente
para que lo evitase,
pero al amanecer, cuando lo volví a ver.
No seguí tu consejo, y lo besé.
Su corona; mirada cándida como lo predijiste,
Sus riquezas, los almendros dulces de su boca y su pasión,
Su furia, el calor de sus caricias y el hálito de su cuerpo,
Y su delito ángel mío, el oráculo que tu ya conoces, y yo… yo no se.
Mientras mis ojos yacían como ausentes,
y mi cuerpo deliraba en un sueño atemporal,
te recordé.
Y el ángel que más amo me habló de ti.
Esa pulcra y limpia efigie
develó el oráculo que guardaba escondido para mi en su corazón,
destino delirante con sed desbordada.
El joven Rey su cónyuge fue;
y mi alma, el fruto de su pasión.
Ángel mío, madre mía, consejo abierto,
me mostraste a mi padre y su delito.
Recordé tu muerte y su furia,
me mostraste cómo después del ocaso lo volvería a conocer.
Desnudaste mi destino ángel mío,
y su corona sería ahora dulce mirada de mujer.
Advertiste a mi inconsciente
para que lo evitase,
pero al amanecer, cuando lo volví a ver.
No seguí tu consejo, y lo besé.
Su corona; mirada cándida como lo predijiste,
Sus riquezas, los almendros dulces de su boca y su pasión,
Su furia, el calor de sus caricias y el hálito de su cuerpo,
Y su delito ángel mío, el oráculo que tu ya conoces, y yo… yo no se.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario